24 agosto, 2009

Seguimos con los apóstoles...

No había visto a este pastor amigo por unos dos años. Fue una alegría intercambiar experiencias, recuerdos y momentos vividos en el pasado en el ministerio. Entonces vino la pregunta que ritualmente hago a compañeros del ministerio a quienes no he visto por mucho tiempo. Y cuál es tu próxima meta? Hacía donde Dios te está llevando en los próximos cinco años? Y mi amigo con una sonrisa en los labios me dijo. Estoy viajando a la Ciudad tal, porque recibiré “la unción Apostólica del Apóstol Tal.

Entonces me dí cuenta que mi amigo había sido atraído como muchos más por la corriente del momento.La Iglesia de hoy está entre apóstoles y apostolados.

En innegable que la Biblia habla claramente de ministerios múltiples en Efesios 4:12. Es una red completa de ministerios puestos por Dios al servicio de la edificación del cuerpo de Cristo, pero que cada miembro se desarrolle, proyecte y fructifique su ministerio dado por Dios.

Recordemos que en los últimos 100 años la Iglesia Cristiana Evangélica se ha estado moviendo rápidamente en la cresta de las olas de nuevos enfoques que toman vigencia y luego disminuyen en fuerza, trayendo frustración tanto a los ministros que corren desesperados en búsqueda de alguna renovación y el cuerpo de creyentes que espera la dirección de sus lideres.

Hay algo errado en esto? En algo afecta a la Iglesia?

Necesitamos recordar que debemos hacer distinción entre forma y fondo. La forma en nada afecta, el fondo o fundamento si. Pablo en la carta a los Efesios Explica claramente el fondo.

Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” Efesios 4-11-13.

• Jesús es quién constituye, selecciona y nombra a cada uno de los ministerios, no es un profeta, Maestro, Profeta o Apóstol quien lo hace.
• Estos ministerios son múltiples, diferentes, únicos y balanceados. No son una escala jerárquica.
La Finalidad de todos los Cinco Ministerios es Perfeccionar a los santos para la obra del Ministerio, no es tener otros ministerios debajo de si mismos para gobernarlos. Es Perfeccionar y Liberar.
• Otra finalidad es Edificar a todo el cuerpo de Cristo.
• La meta final es que todos, tanto los ministerios como los creyentes lleguemos a la unidad de la fe. De manera que cuando un movimiento que exalta un ministerio en particular divide y fracciona, ha perdido la meta final.
• Que todos lleguemos al Conocimiento del hijo de Dios para llegar a la estatura de la plenitud de Cristo. El efecto final es ser como Jesús lo fue y aunque era el Señor, nunca exigió supremacía alguna sobre los demás, sino que dio la mejor lección de humildad.

Cuando mantenemos este fondo, la forma pasara desapercibida y solo esa forma podrá servir para hacer más práctica la labor de la extensión del Reino.

El ministerio apostólico inicia con Jesús al momento de nombrar a sus apóstoles y “establecerlos para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar, y que tuviesen autoridad para sanar enfermedades y para echar fuera demonios” (Mr. 3:13-15). Es decir, les hizo un firme llamado a:

• Mantener un compañerismo íntimo con Jesús.
• Mantener Un compromiso real a la predicación de su Palabra;
• Mantener la autoridad para sanar enfermos y echar fuera demonios

El libro de los Hechos amplia estas características a un nivel global, poniendo en evidencia que los Apóstoles desarrollaron roles como:

• El ser promotores de la obra de Jesús
• Confirmar a la iglesia a través del discipulado
• Abrir senderos donde no los había
• Ser visionario

Cada apóstol desarrolló roles particulares, lo que significa que no había un patrón a seguir, o un solo modelo o combinación de dones como normativa a idealizar.

A lo largo de la historia de la Iglesia podemos observar en un vistazo general que la Iglesia fue perdiendo la sencillez marcada por Jesús y los primeros apóstoles. Veámoslo de esta manera.

Siglo I.
La Iglesia nace con apóstoles y crece, aún en medio de gran persecución. Los miembros de la Iglesia en Jerusalén fueron esparcidos por toda Judea, Samaria y lo que hacían era llevar adelante la misión: Predicar a Jesucristo.

Los apóstoles fueron muriendo y el último que muere es Juan al final del Siglo I. Los hombres que, discipulados por los apóstoles, los sucedieron, fueron llamados LOS PADRES APOSTÓLICOS (Clemente, Ignacio, Papías, Policarpo). El nombre de “padres” era una designación popular, dada la ternura paternal que reflejaban. La tarea de estos padres culmina en el siglo II.

Siglo II.
En el último tercio del Siglo II, aparece la idea de universalidad y comienza a denominarse a la Iglesia como IGLESIA CATÓLICA (no romana).
Ireneo, uno de los más grandes teólogos de este siglo y obispo de Lyon, enseñó la unidad de la Iglesia. Una unidad espiritual y no orgánica.
Lamentablemente, y a pesar de esta enseñanza, se tergiversó el concepto de unidad espiritual y surge una tendencia de transformar esa unidad en unidad organizacional.
Ireneo también enseñó que Pedro y Pablo fundaron la Iglesia de Roma, designando sucesores. (No hay apoyo bíblico e histórico fidedigno para sostener esta teoría).

Siglo III.
A mitad del Siglo III, Cipriano, obispo de Cartago, enseñó que la Iglesia Universal (fuera de la cual no había salvación), debía ser gobernada por los obispos sucesores de los apóstoles. Él sostuvo que la autoridad apostólica había sido dada primero a Pedro. Así fue como la Iglesia de Roma se hizo predominante, porque se creía que él la había fundado.

Siglo IV.
El cristianismo se fue institucionalizando poco a poco, cediendo a las presiones imperiales. El Imperio utilizaba la fe cristiana para sus fines políticos con el propósito de unificar el Imperio que estaba en decadencia.
En este contexto, el sacerdocio universal de los creyentes, dio lugar al surgimiento de un clero (conjunto de sacerdotes o eclesiásticos, clase sacerdotal), y este clero se transformó en el símbolo de lo sagrado.
La Iglesia, el mundo y el Imperio eran una sola cosa. Ser ciudadanos del Imperio, era ser cristiano y viceversa. Ciudadanía imperial y condición cristiana, llegaron a ser sinónimos.

Siglo V.
Se intensifica la idea de sucesión apostólica, o secuencia de nombramiento de obispos. Finalmente, Roma sale airosa en su debate y el papa, el obispo de Roma, llegó a ser reconocido como el obispo superior a todos. De ahí el nombre de Iglesia Católica Romana.

Siglo V-XV.
La Iglesia ingresa al período conocido como “EDAD MEDIA” que va del siglo V al siglo XV, durante el cual la Iglesia institucional gana un inmenso poder político y social lo cual produce oscurantismo espiritual. De esta forma se alejó de la verdadera enseñanza y práctica apostólica.

Siglo XVI.
La REFORMA PROTESTANTE del siglo XVI empezó a sacar a la Iglesia de las tinieblas espirituales que había cegado su mente por varios siglos. Esto, gracias a Martín Lutero.
La Reforma, desafió la doctrina monopólica de la sucesión apostólica, ya que Lutero consideraba que la autoridad apostólica sólo está en la Biblia, más que en la Iglesia y sus instituciones.
Desafortunadamente, algunos de los más prominentes reformadores, también creyeron que el período apostólico había cesado al mismo tiempo que el Nuevo Testamento estuvo en vigencia (Conociéndose esto como CESACIONISMO).

Se ignoraron a raíz de eso el ejercicio de los Cinco Ministerios de Efesios.
El enfoque principal de la Reforma fueron los Pastores. Parecía que era el único ministerio aprobado.

Cuando me convertí hace 20 años el enfoque de la Iglesia eran los Evangelistas y todos los demás ministerios quedaron relegados a un segundo plano.Luego vino la época de los profetas y profetizas. Y mucha gente esperaba con ansias encontrase con el profeta o la profetiza para recibir la dirección divina.

En tercera esfera apareció la onda de los Maestros y muchos ya no querían ser evangelistas ni profetas sino Maestros. Ahora hemos entrado en un movimiento apostólico donde muchos ministros ya no ven importante ser conocidos como Pastores , Maestros o Evangelistas sino como Apóstoles.

Ahora hemos entrado en una nueva etapa que ha exagerado y desbalanceado el equilibrio de los estos Cinco Ministerios poniendo por encima de los demás a los Nuevos Apóstoles y Profetas y confiriéndoles un grado más alto de autoridad sin que lo que están arriba tengan a alguien a quien rendirles cuentas. Lo que podemos ver, es como un regreso al enfoque de la Iglesia en los Siglos Anteriores.

En realidad a la luz de las Escrituras no hay nada que trate del nombramiento de apóstoles como cargos de influencia por encima de los otros luego de los apóstoles originales. Pero si la Biblia muestra en Efesios el equilibrio que debe existir entre los Ministerios de Efesios 4. Pastores, Maestros, Apóstoles (Enviados, Misioneros, Visionarios), Evangelistas y Profetas.

Quiera Dios que como líderes de esta época podamos cada día centrarnos más en la Escritura sin tener que correr tras nuevas corrientes propulsadas por líderes carismáticos pero que en el fondo buscan con motivaciones erradas el ser reconocidos, aplaudidos y casi venerados por un pueblo que cada día aumenta en el analfabetismo Bíblico mientras desesperadamente buscan lo mágico, atractivo y novedoso.

Nunca olvidemos que como líderes nuestro Ejemplo, Mentor, Señor y Modelo por excelencia es Jesús el Nazareno quien con su ejemplo de humildad y sencillez, nunca proclamó un título ni un lugar de preeminencia, sino que se humilló tomando forma de siervos y por haberse humillado Dios le exaltó hasta lo sumo y le dio un Nombre que es sobre todo Nombre. Filipenses 2.

Volviendo a lo original tomamos el camino de la sencillez y el camino de la sencillez es el camino de la Cruz.

Eso.

Dios les bendiga

Gonzalo


12 junio, 2009

El reino 2° parte

En tiempos de Jesús, los judíos meditaban una y otra vez sobre los mismos pasajes de Daniel y Ezequiel que se leían en las "conferencias proféticas" de la iglesia. Pero los judíos esperaban a un héroe conquistador.

Cualquiera que hubiese dicho: "el reino de Dios está cerca" sin duda hacía que los judíos imaginasen a un tipo fortachón, guerrero, majestuoso, no sé... algo así como super sayayín nivel tres... en fin... alguien que pescara a los romanos y les diera una soberana paliza.

En un ambiente así, Jesús entendió muy bien el poder explosivo de la palabra MESÍAS . "Wilito" Barclay dice "Si Jesús hubiese pretendido públicamente ser el Mesías, nada hubiera podido detener una inútil avalancha de muertes" Aunque Jesús mismo no utilizó el término, lo aceptó cuando otros lo llamaron Mesías, y los evangelios presentan un despertar gradual entre los discípulos de que su maestro no era otro que el tan esperado Mesías.

El tema es que Jesús fomentó esta creencia usando una palabra que en el pueblo provocaba taquicardias: "EL REINO DE DIOS SE HA ACERCADO" proclamó en su primer mensaje. Ahora, qué habrá pensado la gente cuando escuchaba esto... El oro de Salomón, la grandeza de David, un Israel restaurado, no sé. Pero creo que algo así. Es más, Jesús decía que esto era mejor que todo lo anterior: "Porque de cierto os digo que muchos profetas y justos desearon ver lo que uds. ven y no lo vieron..." Otra vez dijo "He aquí más que Salomón en este lugar" Esa onda.

Vamos de a poco

Paz.

Gonzalo

11 junio, 2009

El reino 1º parte

Viví mi infancia durante los 80´.


Me acuerdo que las iglesias hablaban de conferencias proféticas, estudios sobre las bestias de Apocalipsis, el cuerno pequeño de Daniel, etc.



La verdad es que entendía re poco.



Escuchaba lleno de temor y fascinación, viendo a nuestros predicadores mostrando mapas con líneas entre Moscú y Jerusalén, diciendo que pronto, muy pronto Jerusalén sería invadida. Aprendía que los diez miembros del “mercado común europeo” habían cumplido hacía poco la profecía de Israel acerca de la bestia con diez cuernos. Faltaba poquito para que todos nosotros llevásemos en nuestra frente la marca de la bestia. Claro, nos podíamos librar si estábamos “a cuenta con el Señor” (entiéndase con todos los pecados confesados, y sin seguir pecando) Dios libraría de la gran tribulación a los que estaban listos.



Les prometo que pasaba horas y horas confesando mis pecados, hasta de los que ni tenía memoria…. Pero… siempre volvía a pecar. Pensaba: Como lo hago para estar listo??



Los predicadores del terror seguían: La guerra nuclear iba a estallar y el planeta iba a tambalear hasta el borde de la aniquilación. En eso… aparece Jesús encabezando el ejército celestial… Eso si, estaba, y estoy, completamente seguro que Jesús triunfaría.



Era una mezcla extraña de temor y esperanza.



Bueno, ahora la Unión Europea tiene más de diez miembros, la URSS, está fragmentada (aunque Rusia me hace dudar), y tenemos que hacernos cargo de toda una manga de vagos que ni siquiera estudiaron porque “el Señor venía pronto”.

Cuando estudié historia de la iglesia, me enteré que con mucha frecuencia (durante las primeras décadas del cristianismo, en año 1000, en 1400, en la época de Napoleón, en la primera guerra mundial, durante Hitler y Mussolini) muchos hablaban del fin de los tiempos. No hace mucho en la guerra del golfo, varios vieron a Sadam Hussein como el anticristo, el nuevo Nabucodonosor que levantaría Babilonia (aunque el loco se creyó el cuento). Pobre Sadam, terminó re feo. Y no era el Anticristo… el fin todavía no había llegado.



¿Qué tiene que decir Jesús al respecto? Para entenderlo, tendremos que volver a su tiempo, situarnos en él, oírlo hablar acerca del tema que más nos habló: el reino de Dios. Lo que dijo Jesús en el siglo primero creo que es mucho más importante y pertinente para nosotros hoy, ahorita ya.

Les invito a seguir…



Gonzalo

14 abril, 2009

Salvación o Reputación. El "apóstol" Guillermo Maldonado

¿SALVACIÓN… O REPUTACIÓN?

Otro mal fruto de la llamada “Nueva Reforma Apostólica”
“Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiréis mayor juicio” (Santiago 3: 1)
(A quien públicamente enseña herejía, públicamente habrá que rebatirle)

Introducción
Quien dijo que la Biblia puede decir todo lo que un individuo desea que diga, si usa el texto según su propio contexto como pretexto, dijo una rotunda verdad.
Hoy en día, muchos se están levantando inquiriendo a voz en cuello que disponen de la última revelación de Dios para el pueblo de Dios; que ellos son los nuevos portavoces de Dios, y que sin ellos el pueblo de Dios no puede avanzar en el camino del Señor como debiera. Son los nuevos e imprescindibles “agentes del Cielo”…o más bien debería decir del Vaticano.
Esa manera de hacer posible la perfecta relación entre la gente de Dios, con Dios, por mediación de ungidos especiales, ha sido desde el principio la táctica manipuladora y controladora de la jerarquía romana y papista sobre las multitudes (Ap. 17:1)
Nada ha cambiado. Y lo lamentable es que muchos evangélicos, ingenua y con un sentido pervertido de la escrupulosidad, no se aperciben o no se quieren apercibir, - ¿de qué? - de que lo mismo está ocurriendo en el seno eclesial hoy por hoy.
1. Sobre la enseñanza de Guillermo Maldonado
Un ejemplo de esos imaginarios mediadores entre el Espíritu Santo y el pueblo de Dios, es, sin duda, Guillermo Maldonado, y eso dicho por él mismo.
El así llamado apóstol Guillermo Maldonado enseña que él, como apóstol recibe del Espíritu Santo revelación, con la finalidad – dice él, de parte de Dios – de darla a conocer a todos. Se expresa del siguiente modo:
“Dios nos ha llamado a nosotros, los apóstoles, para que traigamos toda esta reforma a cabo, implantándola dentro de la Iglesia...para poder estar en el filo cortante de lo que Dios está haciendo hoy, tenemos que pegarnos a los apóstoles, porque los apóstoles tienen el acceso a la abundante revelación del Espíritu de Dios” (1)
Así que Maldonado asegura que son los “apóstoles” (como él mismo) los que tienen “el acceso” a la abundante revelación del Espíritu de Dios. Serían los muy escogidos para recibir el tesoro del Cielo y administrarlo a los demás.
Esto no deja de ser un planteamiento absolutamente blasfemo, porque limita a Dios a esos “ungidos” hombres en detrimento del resto de los creyentes, los cuales son alejados de la exhaustiva presencia del Señor por parte de aquéllos.
En otras palabras, éstos hacen diferencia entre unos creyentes y otros, haciendo a Dios mentiroso, cuando Él dice de forma enfática y contundente que no hace acepción de personas, y que todos nosotros (los verdaderos creyentes) tenemos la unción del Santo, y conocemos todas las cosas (Deut. 10: 17; Ef. 6: 9; 1 Jn. 2: 20, 21)

“Esos hombres “escogidos”, ¿son los que tienen el “acceso a la abundante revelación del Espíritu de Dios”?
Clarísimamente la Biblia enseña que todos los miembros del cuerpo de Cristo (que es la Iglesia), somos sacerdotes – de hecho, somos real sacerdocio 1 Pr. 2: 9. Un verdadero sacerdote es aquel que tiene y mantiene una verdadera comunión con Dios, y por tanto, recibe luz sobre la Palabra en la medida en que se dispone a estudiarla con fe.
Pero esos “ungidos”, imaginariamente apartados de forma especial para el Espíritu Santo, y Éste para ellos, niegan eso, toda vez que se levantan como los que tienen el “acceso a la abundante revelación del Espíritu de Dios”. Nótese que según Maldonado y todos los de su cohorte, son ellos, los nuevos “apóstoles”, los beneficiarios de esa maravilla.
Ellos se levantan como el “linaje escogido”, pero la Biblia dice que ¡todos los creyentes somos linaje escogido! (ver 1 Pr. 2: 9)
Quede claro que no existe un “linaje escogido” por encima del linaje escogido. Creer eso es pura y simple idolatría.
Pero abundante en ese tipo de disparates, Maldonado prosigue diciendo:
“Los apóstoles son los edificadores del reino. Son los que tienen los diseños del discipulado, alabanza y adoración, evangelismo. Los apóstoles reciben abundante revelación de Dios, es decir, cosas que están en la Biblia pero por causa de las tradiciones nuestras no las vemos, entonces Dios toma esas verdades y se las revela al apóstol para que las de a conocer al pueblo” (2)
Otra vez, según Maldonado (no según la Biblia), es él, junto con los demás de su camarilla pseudo apostólica, los que Dios “habría apartado” a modo de un nuevo Moisés o un nuevo Samuel, para dar luz al pueblo de Dios, el cual anda medio ciego a causa “de las tradiciones” (a saber cuales). De ahí que el “apóstol” sea imprescindible en esta hora de confusión para guiar al pueblo de Dios (¿no será que ellos traen la confusión?)
Ya no es el Espíritu Santo hablando directamente al creyente a través de la Palabra, tanto como el bendito Espíritu Santo haciéndolo a través de “sus intermediarios”, como en el Antiguo Testamento, o como supuestamente en la iglesia católico romana, en la cual Dios habla al fiel a través del papa de turno cuando habla ex cathedra.
Pero la Biblia enseña que en estos últimos tiempos en los que todavía estamos, Dios nos ha hablado por el Hijo (He. 1: 2). Esto nos lleva a una inmediata conclusión: cuando un hombre se hace, o dice hacerse, imprescindible para los demás, se constituye en un anticristo, ya que se coloca en el lugar de Cristo, el Cual sí es imprescindible.
“Maldonado asegura que, él como “apóstol”, es el que tiene junto a sus correligionarios,” el diseño del discipulado, alabanza y adoración, evangelismo”… ¡qué megalomanía!

2. ¿Nuestro nombre escrito en los cielos, o en el libro de la vida?
“Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiréis mayor juicio” (Santiago 3: 1)
Es una tremenda necedad tomar el lugar de portavoz del Espíritu Santo. La misma Palabra nos advierte que ni siquiera nos hagamos muchos de nosotros, los creyentes, maestros, para que no llevemos mayor juicio (Stgo. 3: 1). La palabra que se traduce por “condenación”, en la versión Reina-Valera, es “Krima”, que también significa: sentencia judicial, condenación, pena. Vemos que la cosa es bien seria.
Muy a menudo, esa “abundante revelación de Dios”, Maldonado la obtiene de la misma Biblia, pero usando el texto según su propio contexto (el de Maldonado); es decir, según su propia y supuestamente interesada interpretación.
Si ya es como para tener mucho temor de Dios el hacerse maestro, imagínese lo que es hacerse uno, exclusivo, a la “abundante revelación de Dios”, como dice Maldonado. Recordemos sus mismas palabras:
“Dios nos ha llamado a nosotros, los apóstoles… tenemos que pegarnos a los apóstoles, porque los apóstoles tienen el acceso a la abundante revelación del Espíritu de Dios "
Teniendo eso en mente, prosigo.
En su disertación “Tomando las llaves del Reino” (1ª parte) (3), Guillermo Maldonado, en su extravagante estilo al que ya tiene acostumbrado su auditorio, se dirige a lee la porción de Lucas 10: 20, y empieza a repetirla. Pero queriendo probar a su audiencia, en vez de leer decir “que vuestros nombres están escritos en los cielos”, dice: “que vuestros nombres están escritos en el libro de la vida” (4).
Acto seguido, Maldonado les interpela a ver si eso es así, preguntándoles que dónde está escrito el nombre de ellos, a lo que la mayoría, de manera natural, responde que “en el libro de la vida”. El entonces les dice que sus nombres están escritos en los cielos. Eso, en ese momento, confunde a sus oyentes…
Maldonado en ese mismo instante hace una diferenciación en cuanto a que el nombre del creyente esté escrito en los cielos, o en el libro de la vida, y eso lo hace ex profeso para intentar probar su teoría particular, la cual veremos a continuación.
“Maldonado asegura que los “apóstoles” – como él - reciben abundante revelación de Dios, que son cosas que están en la Biblia pero que no las vemos los demás”
3. ¿Reputación…o salvación?
Maldonado dice que el que los nombres de los creyentes estén escritos en los cielos (Lc. 10: 20), no tiene que ver con la salvación, sino con la reputación!. Dice él así textualmente:
“Su nombre está escrito en los cielos, y la palabra nombre en el idioma griego literalmente significa –escuche – “hacerse de mucha reputación”. La palabra que se usa para nombre es la palabra que se usa para reputación. La palabra nombre significa alguien con gran reputación. Escuchen lo que Cristo dice: “No se regocijen por que los demonios se sujetan, regocíjense porque su nombre ya tiene reputación en los cielos” (5) (énfasis nuestro)
Nos preguntamos, ¿Es eso verdad? ¿Cristo hablaba de la reputación en los cielos de los discípulos por haber echado fuera demonios, cuando decía que sus nombres estaban escritos en los cielos? Respuesta: ¡No!
Cristo dijo lo que quería decir y dijo: que no se regocijaran tanto por el hecho de echar fuera demonios, más que por el hecho de que eran personas salvas. De ese modo el mérito era de Cristo - porque Él es el Salvador y el propiciador de la expulsión de los demonios (Lc. 10: 17) - y no de ellos, meros artífices de Su obra.
Jesús les venía a decir a los discípulos que habían estado echando fuera demonios, que eso no era más importante que el hecho de que sus nombres estaban escritos en los cielos, es decir, en el libro de la vida y en el libro del Cordero.
No obstante, Maldonado dice todo lo contrario, que lo importante aquí es que por el hecho de echar fuera demonios, es grande la reputación del cristiano, en los cielos y en el infierno.
Lo que dice Maldonado, es todo lo contrario a lo que pretendía enseñar el Señor.
John MacArthur lo aclara contundentemente:
“En lugar de quedar maravillados con las manifestaciones extraordinarias como el poder sobre los demonios, y la capacidad de obrar milagros, debieron darse cuenta de que la maravilla más grande de todas es la realidad de la salvación, que es el propósito mismo del mensaje del Evangelio, y el asunto central al que apuntaban los milagros” (6) (énfasis nuestro)
Rotundamente Matthew Henry escribe también:
“Cristo puede referirse a esta inscripción de nuestros nombres en los cielos, porque es en el libro de la vida del Cordero donde están escritos (v. Ap. 13: 8; 17: 8). El poder de llegar a ser hijos de Dios (Jn. 1: 12, 13) y alcanzar así la ciudadanía en los cielos, ha de ser valorado muy por encima del poder de expulsar demonios, pues leemos en Mt. 7: 21-23 de los que echan fuera demonios, pero son unos desconocidos para Cristo” (7) (énfasis nuestro)
Pero Maldonado para intentar probar su espuria teoría, hace una diferenciación entre estar escrito el nombre del creyente en los cielos o en libro de la vida, pero esa diferenciación es inexistente. Lo digo de otro modo y con letras mayúsculas:
QUERIDO CREYENTE, QUE SU NOMBRE O EL MÍO ESTÉN ESCRITOS EN LOS CIELOS (Lc. 10: 20), O EN EL LIBRO DE LA VIDA (Fil. 4: 3) ES EXACTAMENTE LO MISMO.
Parece ser que el “acceso” que ha tenido Maldonado a la “revelación de Dios” ha sido para entender la espuria diferenciación entre que el nombre de uno esté escrito en los cielos, o que esté escrito en el libro de la vida….un “acceso”, por cierto, inexistente también.
“Maldonado asegura que no es lo mismo que nuestro nombre esté escrito en los cielos o en el libro de la vida”
¡Los nombres inscritos en los cielos o en el libro de la vida, es lo mismo!
Para mayor abundamiento, veamos lo que nos enseña la Palabra:
(Hebreos 12: 22, 23) “sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles, a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos”
(Lucas 10: 20) “Pero no os regocijéis de que los espíritus se os sujetan, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos”
(Filipenses 4: 3) “Asimismo te ruego también a ti, compañero fiel, que ayudes a éstas que combatieron juntamente conmigo en el evangelio, con Clemente también y los demás colaboradores míos, cuyos nombres están en el libro de la vida”
(Apocalipsis 3: 4) “El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles”
En estas porciones escriturales vemos que el estar nuestro nombre escrito (o inscrito) en los cielos, o estarlo en el libro de la vida, es sinónimo.
“Maldonado asegura que el estar nuestro nombre escrito en los cielos, significa “reputación”… ¿qué reputación?”

4. ¿Cristo quiso decir por “nombre”, “reputación”?
Ahora bien, ¿por qué hace Maldonado un énfasis tan rotundo en que el nombre del creyente esté inscrito en los cielos? Traemos de nuevo aquí sus públicas palabras:
“Su nombre está escrito en los cielos, y la palabra nombre en el idioma griego literalmente significa –escuche – “hacerse de mucha reputación”. La palabra que se usa para nombre es la palabra que se usa para reputación. La palabra nombre significa alguien con gran reputación. Escuchen lo que Cristo dice: “No se regocijen por que los demonios se sujetan, regocíjense porque su nombre ya tiene reputación en los cielos” (8) (énfasis nuestro)
Maldonado confunde a su audiencia, utilizando ese versículo, con la aparente simple intención de decir algo que no tiene que ver con la intención de las palabras del Maestro.
Primeramente, la palabra que del griego se traduce por nombre es “onomatos”, y no significa: “hacerse de mucha reputación” como dice Maldonado, sino que tiene el mismo sentido que en el idioma castellano, o en el idioma inglés; sencillamente significa “nombre”.
Por supuesto que un nombre acarrea una reputación, pero – insistimos - ese NO era el sentido de las palabras de Jesús.
Jesús no les hablaba de la reputación de ellos, sino de ellos como personas. De que ellos, como personas pertenecían a la Nueva Jerusalén, la Celestial (Fil. 3: 20), así como cada uno de los creyentes verdaderos, ¡sea que echemos muchos demonios, pocos, o ninguno!

5. Mensajes que exaltan la carne y el ego del creyente
¡Aquí está el quid de la cuestión! Es evidente que esas palabras de Maldonado fomentan una exaltación del creyente, pero jamás la Biblia, que es la Palabra de Dios, nos concede el más mínimo atisbo de una exaltación del hombre, ni aun del creyente, por sus propios méritos, sino todo lo contrario.
La Biblia nos habla de la realidad del hombre como de un ser caído, absolutamente necesitado de Dios y de Su misericordia; y del creyente, como dependiente de la gracia de Dios, por la fe. Por lo tanto, todo mensaje que eleve al hombre a causa de sus propios supuestos méritos y obra, contradice el mensaje bíblico en su espíritu y letra, y sólo consigue inflar la carne y el ego del que se presta a escuchar ese tipo de mensajes, llevando al oyente a una irrealidad y fantasía.
“Nos constriñe en gran manera el ver el corazón de muchos que se difumina, absolutamente cautivado por el espíritu, glamour, carisma, y engaño de los falsos maestros actuales”
Insistimos en que ese tipo de enseñanza lo único que consigue es la imaginaria exaltación del hombre. Tengamos muy presente que la Biblia no exalta al creyente, exalta a Cristo, el único Hombre digno de ser exaltado, por el Cual el creyente es creyente.
De todos es sabido que el cristiano que es usado por el Señor, porque se mueve en fe y obediencia es conocido en el cielo y en el infierno, pero jamás olvidemos que la gloria es para el Señor, y no para el individuo. El punto aquí en referencia a las palabras del Señor es el hecho que por los méritos de Jesús, el cristiano tiene su lugar en el cielo, y como consecuencia, hace la obra de Cristo, en ese orden. (Ef. 2: 8-10)
Concluyendo
Según lo veo, hermanos, es muy triste y lamentable que haya tantos creyentes que ciega e ignorantemente sigan el dicho de hombres que se exaltan a sí mismos por encima de los demás, con la argucia de poseer el “acceso a la abundante revelación del Espíritu de Dios”, cuando la Biblia dice algo muy diferente a eso:
“Pero vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas. No os he escrito como si ignoraseis la verdad, sino porque la conocéis, y porque ninguna mentira procede de la verdad” (1 Juan 2: 20, 21)
Dejemos toda ignorancia, por leer y estudiar la Sagrada Escritura a la luz del Espíritu Santo, el Cual todo verdadero creyente tiene.
Dios les bendiga.

11 febrero, 2009

Apóstoles Modernos?? si o no

Si los hay, ¿Qué haremos con los viejos?

¿QUIÉN ES APÓSTOL?

Vivimos días en que muchos líderes de la iglesia evangélica, buscando honores singulares, hacen reclamos extraordinarios. Uno de los más recientes (muy controversial, por supuesto) es ungir a alguien como “apóstol de Jesucristo”. Siendo que por tales declaraciones la iglesia es afectada, vale la pena hacer un examen bíblico-histórico para establecer la legitimidad de estos reclamos.

LA HISTORIA DEL APOSTOLADO EN EL NUEVO TESTAMENTO

1. La palabra “apóstol” en hebreo (shaliah) se refiere a una persona que es plenamente autorizada para representar a otro. En griego el vocablo es apostolos y quiere decir: uno que es enviado; normalmente se interpreta como “uno enviado para cumplir con una función especial en la iglesia”.

2. La primera mención del título aparece a principios del ministerio de Jesús: Lucas 6:12-13: En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios. Y cuando era de día, llamó a sus discípulos, y escogió a doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles (véanse Mateo 10:1-4 y Marcos 3:13-19). Se trata de un nuevo y distintivo llamamiento por parte de Jesucristo (a quien Pablo, en Colosenses 1:18, llama la “cabeza del cuerpo que es la iglesia”). El Rey de la iglesia les da este llamado y el título. No era un llamado general, abierto a cualquiera, sino sumamente específico y particular. Sólo ellos, incluyendo a Pablo, que se autodenominaba “el más pequeño de los apóstoles” (1 Corintios 15:9), recibieron el honor de ser llamados “apóstoles de Jesucristo por la voluntad de Dios” (Colosenses 1:1).

3. Convencidos de que el número de doce apóstoles era importante, tras la muerte y ascensión de Jesús, los once que quedaban se reunieron en Jerusalén (Hechos 1:12-26) para elegir al sucesor de Judas Iscariote. Echando suertes, eligieron a Matías. Al hacerlo, especificaron cuidadosamente los requisitos especiales para que uno fuera llamado apóstol:

• Tenía que haber convivido con los doce desde el bautismo de Jesús.
• Tenía que haber sido testigo de la muerte y ascensión de Jesús.
• Tenía que haber sido testigo de la resurrección de Jesucristo.

4. Se ha sugerido que el número doce se identifica con las doce tribus de Israel y, al escoger a doce apóstoles, Jesús inicia una nueva era en la que los gentiles (dirigidos por estos doce) son injertados a la rama histórica de los que son los seguidores del Trino Dios. Como dice Pablo: En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo (Efesios 2:12-13).

5. Es interesante observar que cuando Jesucristo llama a Saulo de Tarso (ya que este no había gozado de las mismas experiencias que los primeros doce), lo hizo mediante una aparición especial, su cuerpo resucitado (1 Corintios 15: 3-8); además, le dio tres años de revelación especial en el desierto de Arabia (Gálatas 1:11-19), y una comisión particular para que fuese apóstol a los gentiles (Gálatas 1:1; Hechos 22:17-21; 26:16-18; 1 Corintios 9:1; 15:8).

6. Aparte de esos doce, no hay otros en la historia de la iglesia que hayan recibido ese título ni esa distinción tan particular de haber sido llamados por Jesucristo.

7. Es cierto que se mencionan a otros muy pocos con el título de “apóstoles” (Santiago el hermano de Jesús, en Gálatas 1:19; 2:9; a Bernabé, en Hechos 14:4; a Silvano y Timoteo, en 1 Tesalonicenses 2:6; y Andrónico y Junías, en Romanos 16:7), pero es obvio que estos otros de ninguna manera eran ni aceptados ni clasificados con la autoridad y prominencia de los primeros once y Pablo. Notemos que fueron designados “apóstoles” por la iglesia, pero no por Jesucristo.

Además, en cuanto a Matías, no aparece otra vez en el Nuevo Testamento, llevando a algunos comentaristas a concluir que los once, al elegirlo, se adelantaron a los planes de Dios, ya que Saulo de Tarso (Pablo) era el que Dios ungiría apóstol.

8. Hay una observación adicional que podemos hacer: Herodes martiriza al apóstol Jacobo, hermano de Juan, que era el apóstol reconocido de la emergente Iglesia Cristiana en Jerusalén (Hechos 12:1-2). En esa ocasión, como en el caso de Matías, los apóstoles sobrevivientes no hicieron nada para reemplazarlo. En otras palabras, pareciera que los apóstoles ya no se preocupaban más por el número de apóstoles que quedaban, puesto que aprendieron su lección luego de su prisa por nombrar a Matías. Pudiéramos decir que reconocieron, por la manera extraordinaria en que Saulo fue elegido y nombrado apóstol, que tal llamado es un acto único de Jesucristo, Rey de la iglesia.

Este nombramiento especial y específico de “Apóstol de Jesucristo” (Gálatas 1:1; Romanos 1:1; 1 Corintios 1:1; 2 Corintios 1:1, etc.) de ninguna manera proviene de un nombramiento hecho por los hombres.

Nos toca ahora interpretar bíblicamente el sentido de los textos sobre los cuales los modernos “apóstoles” se basan para justificar su nombramiento como tales, pasajes que necesitan explicación apropiada en el marco del tema tratado.

Efesios 4:11-15:

Él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; y a otros, pastores y maestros, a fin de capacitar al pueblo de Dios para la obra de servicio, para edificar el cuerpo de Cristo. De este modo, todos llegaremos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a una humanidad perfecta que se conforme a la plena estatura de Cristo. Así ya no seremos niños, zarandeados por las olas y llevados de aquí para allá por todo viento de enseñanza y por la astucia y los artificios de quienes emplean artimañas engañosas. Más bien, al vivir la verdad con amor, creceremos hasta ser en todo
como aquel que es la cabeza, es decir, Cristo.

Este texto no se puede interpretar sin primero considerar la referencia previa a “apóstoles” y a “profetas” que Pablo hace en el capítulo dos. Recordemos el tema de esta carta a los efesios: la Iglesia de Jesucristo. La carta de Pablo se divide en dos secciones: (1) La gloriosa iglesia creada por Jesucristo (capítulos uno, dos y tres; (2) Cómo han de vivir los miembros que forman esa iglesia (capítulo cuatro). En el capítulo dos Pablo describe la base sobre la cual está edificada la iglesia. Dice: sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo (Efesios 2:20).

¿Qué establece los parámetros sobre la cual la Iglesia de Jesucristo es construida? ¿Dónde están sus linderos? ¿Qué es lo que la mantiene pura en doctrina y fiel a sus mandatos? Pablo nos lo explica. Declara que Dios ha dado a su iglesia dos grandes pilares: los apóstoles y los profetas que, a su vez, están fundamentados única y sólidamente en Jesucristo, el Salvador e Hijo de Dios que por el derramamiento de su propia sangre hizo posible la existencia de esta iglesia (véase, por ejemplo, Tito 2:13 -14). Al explicar esto, veremos la gran y gloriosa sabiduría de nuestro Dios.

No es hasta que nos damos cuenta de que Pablo describe la manera en que Dios estableció su iglesia que llegamos a percatarnos de que la referencia a apóstoles y a profetas no tiene que ver con los dones del Espíritu, sino con la manera en que Jesucristo dio base segura para el establecimiento de su grey. Para facilitar la explicación hacemos referencia a Marcos 1:2, Lucas 18:31; 24:25; Juan 6:45; 2 Pedro 3:2 en que se usa la palabra “profetas” para -en forma inclusiva- referirse a los autores del Antiguo Testamento. Ellos, bajo la instrumentalización del Espíritu Santo, fueron los llamados por Dios para darnos el Antiguo Testamento (2 Pedro 1:19-21).

No obstante, para los tiempos de Jesucristo, la palabra “profeta” había perdido su sentido sagrado. Ahora se llamaba profeta a cualquier persona que diera un pronunciamiento, fuese pagano o cristiano, religioso o político. Por donde quiera había profetas. La palabra no implicaba respeto ni reverencia ni autoridad ni una unción especial, como la que tenía en los tiempos antiguos.

Recuerde que cuando Pablo escribió esta carta, los lectores del Nuevo Testamento comenzaban a disfrutar de lo explicado por Pedro en Hechos 2:16: “Mas esto [lo que ocurrió el día de Pentecostés] es lo dicho por el profeta Joel: Y en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros ancianos soñarán sueños; y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días derramaré de mi Espíritu, y profetizarán”.

En los tiempos del Antiguo Testamento sólo hubo un pequeño grupo -por cierto, uno muy selecto- de profetas. A estos Dios los inspiró para que nos dieran el Antiguo Testamento como Su palabra infalible. Esos profetas, a través de sus escritos, nos cuentan lo que ocurrió con el pueblo de Dios desde la creación hasta los tiempos de Jesucristo. Ahora, con la venida del Dios-Hombre, se introducen muchos cambios notables. Ya no va a ser la sinagoga, sino la iglesia. Ya no son sólo judíos que adoran al único Dios verdadero, sino gentiles que abandonan sus falsos dioses para adorar y servir al Trino Dios. Otro de esos cambios es que aparecen muchos profetas en las iglesias; véase Hechos de los Apóstoles. Pero con tanto profeta viene otro problema; entre ellos aparecen muchos que son falsos. Esta es una de las grandes preocupaciones de Pablo cuando escribe a Timoteo y a Tito. Pide que esté alerta, que no permitan a los “muchos falsos profetas” engañar al pueblo de Dios. A la voz de Pablo se une la del apóstol Juan, indicándonos: “Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo” (1 Juan 4:1).

Hay una gran diferencia entre los profetas confiables del Antiguo Testamento y los muchos no confiables del Nuevo. Por lo tanto, cuando Jesús selecciona a los que serían pilares de su iglesia, escoge otro nombre, otro calificativo. En aquellos días la palabra “apóstol” no tenía connotaciones. La verdad es que era poco usada. Cristo, sin embargo, la toma y la eleva para darle un sentido extraordinario. Ya vimos su sentido. “Apóstol” en hebreo (shaliah) se refiere a una persona que es plenamente autorizada para representar a otro. En griego apostolos simplemente quiere decir: uno que es enviado.

Jesucristo, de acuerdo al Evangelio de San Lucas, dio los siguientes pasos: … fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios. Y cuando era de día, llamó a sus discípulos, y escogió a doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles: a Simón, a quien también llamó Pedro, a Andrés su hermano, Jacobo y Juan, Felipe y Bartolomé, Mateo, Tomás, Jacobo hijo de Alfeo, Simón llamado Zelote, Judas hermano de Jacobo, y Judas Iscariote, que llegó a ser el traidor (véanse también Mateo 10:1-4 y Marcos 3:13-19). Vale apuntar que cada lista tiene los mismos nombres. Nadie fue quitado, hasta la traición de Judas Iscariote; luego de lo cual Jesucristo mismo, en el camino a Damasco, sorprende a Saulo de Tarso, cambia su nombre a Pablo y lo nombra entre esa lista singular de los Doce.

Estos doce fueron los que Dios escogió para establecer y guiar, reprender y apacentar, expandir y enseñar a su iglesia. Siete de ellos recibieron la comisión especial de escribir el Nuevo Testamento. Ellos forman el segundo gran pilar de la iglesia. Por tanto, el llamado de estos apóstoles fue único. Solo ellos fueron los que en sus escritos inspirados anunciaron autoritativamente el evangelio y las directrices divinas para nosotros los gentiles que, por la gracia de Dios, fuimos injertados a la rama histórica del pueblo escogido. Cuando Pablo escribió esta carta a los Efesios no existía el Nuevo Testamento -se estaba escribiendo. En su lugar estaban esos doce grandes apóstoles, nombrados por Jesucristo para declarar sus verdades sin error y con autoridad a fin de guiar a la iglesia en los caminos de Dios.

Cuando leemos en Efesios 2:20 que la iglesia está edificada sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, nos damos cuenta que Pablo en este versículo está haciendo referencia a la Biblia. Esta, escrita por los profetas y apóstoles, es un instrumento creado por Dios para infaliblemente guiar a su pueblo de generación en generación. Ella, por ejemplo, nos enseña nuestra necesidad de Jesucristo, quiénes somos nosotros los seres humanos, dónde están nuestras fallas, qué es lo que Dios pide de nosotros y cómo prepararnos para vivir eternamente con Dios en su gloria.
Ahora vivimos bajo un Nuevo Pacto; nosotros, que antes vivíamos tan lejos de Dios hemos sido “injertados a la rama” del pueblo escogido. ¿Qué haríamos sin la Biblia? Tenemos que aprender quién en verdad es Jesucristo; tenemos que conocer al Padre, tenemos que aprender lo que es la comunión con el Espíritu Santo; tenemos que aprender qué es la fe, cómo dejamos nuestros viejos hábitos. Tenemos que aprender cómo apropiarnos del poder de Dios para vivir santamente. Para cumplir con todas estas necesidades, Jesucristo escogió sólo a doce apóstoles para que ellos, como los profetas de la antigüedad, nos dieran por escrito nuestras instrucciones espirituales. Puesto que esos apóstoles fueron fieles, hoy tenemos una guía fiel, verdadera, infalible e incambiable.

Ahora que entendemos el lugar y nombramiento de profetas y apóstoles, podemos con mucha más claridad voltear la página en la Biblia, de Efesios 2:20 a Efesios 4:11-15. De nuevo aparecen apóstoles y profetas, pero ahora se encuentran mezclados en una fascinante cadena de llamados que Jesucristo da a su iglesia, utilizándolos para extenderla aquí en la tierra. Dice: Él mismo [Jesucristo] constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; y a otros, pastores y maestros, a fin de capacitar al pueblo de Dios para la obra de servicio, para edificar el cuerpo de Cristo.

En esta importante cadena de nombramientos necesariamente están los profetas, ya que representan esa parte de la Biblia que nos da la historia del pueblo de Dios antes de la llegada de Jesús. Igualmente los apóstoles, ya que para los que vivimos en la era del Nuevo Testamento necesitamos información y detalle a fin de saber cómo agradar a Jesucristo, que nos salvó de nuestros pecados. ¿Qué haríamos sin el Nuevo Testamento?
Pero también nos informa el apóstol Pablo que para cada iglesia sobre la faz de la tierra hay tres llamados gloriosos: evangelistas, pastores y maestros.
Me pregunto, con estos tres tan importantísimos cargos, ¿por qué este afán que ha aparecido en estos últimos tiempos de querer ser nombrados PROFETAS Y APÓSTOLES? De paso, ¡ya algunos se están dando el calificativo de “ungido de Dios”, robándole al mismo Jesucristo su exaltado título! Por más de dos mil años los líderes de la iglesia de Jesucristo han estado conformes con estos tres nombramientos exaltados. Hasta el día de hoy, en la iglesia evangélica, los líderes no se han peleado buscando ser apóstol o profeta.
¿Es que no nos basta con un título tan honorable como “evangelista” (aquel dotado por Dios para proclamar el glorioso mensaje de salvación a la humanidad), o “pastor” (ese siervo de Dios tan especial que aquí en la tierra reemplaza al mismo Señor como guardián de su rebaño), o “maestro” (esos hombres y mujeres que reciben luz y sabiduría especial de parte de Dios para interpretar el Libro de libros)? ¡Qué locura es esta que nos hace estar insatisfechos con lo que Dios nos ha privilegiado!

Temo que hoy, con interpretaciones tan sueltas de textos bíblicos, se esté trayendo increíble confusión a la iglesia. Acá se presenta uno que se dice ser apóstol, demandando ser seguido y obedecido y exaltado como si fuera un príncipe. Allá se levanta otro que reclama ser profeta poseyendo palabras inspiradas, y pidiendo que se le dé más importancia a lo que él dice que la que damos a la misma Biblia. Este orgullo, este clamor por puestos y reconocimiento, ¿vendrá de Aquel que se humilló a lo sumo, que no tuvo techo donde acostar su cabeza?
Como resultado de toda esa búsqueda de honores personales, ¿cuál será el resultado en las congregaciones? ¡Confusión! ¡Error! ¡Herejía! ¿A quién se debe seguir? ¿Será al que se dice ser apóstol o profeta, o al Señor Jesucristo y sus verdaderos apóstoles y profetas? Otra cosa, me sorprende el carácter de muchos de estos que se han nombrado apóstoles y profetas. Andan como si fueran unos grandes señores -algunos hasta con guardaespaldas. Se visten como estrellas de Hollywood y demandan ser servidos como si fueran gobernantes y reyes. Si en verdad son seguidores de Jesucristo, ¿dónde está la humildad que Él exhibió? ¿Será que extirparon el libro de Filipenses de su Biblia? ¿Se habrán olvidado que Jesús dijo que el que quiere ser grande en el reino de los cielos sea un humilde siervo de todos? Más que evangelizar, que pastorear, que enseñar, parece ser la fama, un lujoso auto, la casa mejor del barrio y bastante dinero en el banco. En la Biblia, ¿cuál apóstol, cuál profeta ejemplifica esa actitud y tipo de vida?

Por último, tenemos que recordar que los únicos que Dios dotó con infalibilidad fueron aquellos doce apóstoles y profetas que nos dieron el Antiguo y Nuevo Testamentos. Con los genuinos profetas del Antiguo Testamento, con los legítimos apóstoles nombrados por Jesucristo tenemos todos los profetas y apóstoles que necesitamos. El ejemplo de ellos es el que debe inspirarnos. Las enseñanzas de ellos son las que deben iluminarnos. El carácter de ellos es el que debe servirnos de ejemplo.
Por tanto, ¿quieres una profecía? ¿Quieres un consejo apostólico? Abre tu Biblia, allí te esperan esos incomparables autores para darte todo lo que necesitas -y con la autoridad infalible del Santísimo Dios.

Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones; entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo (2 Pedro 1:19-21).


Eso sería.

Paz.


Gonzalo, el flaite

18 enero, 2009

Consuelo Sofía Ramírez Astudillo


Consuelito, eres un regalo (Herencia) de Dios.
Prometo amarte, cuidarte y enseñarte que hay un Dios en los cielos.
Tu papá

Gonzalo.

11 enero, 2009

25 diciembre, 2008

Navidad 2008

Será porque pronto seré papá??

No sé.

La cosa es que estoy entendiendo una nueva dimensión de la navidad.

Como chitas se le ocurrió a Dios el Padre, entregar a su Hijo amado a un par de adolescentes de campo??...

Noche de Paz?? No sé cuanta paz sentía José al buscar un lugar para su esposa parturienta, que estaba con contracciones cada cinco minutos, (habrá gritado de dolor María?? yo cacho que si) y al final tener que conformarse con un pesebre... ah!! y que nadie diga: Que lindo un pesebre!! que asco!! donde duermen las vacas, los burros, olores surtidos... sorpresas por ahí... uff!! El hijo de Dios tuvo más testigos animales que humanos al momento de entrar a este mundo....

En fin...

Lo que más me gusta de la navidad no son las luces...

no son los regalos...

ni siquiera la cena (aunque es ultra bkn)

tampoco el arbolito (aunque no falta el "Van Helsing" que insiste que es "satánico")...

Lo que más me gusta de la Navidad es... Dios mismo!!

Emanuel: Dios con nosotros!!

Dios (no cualquier pelagato... Dios en persona!!!)

con nosotros!! (no arriba ni abajo de nosotros....AQUI CON NOSOTROS!!!!

Quizás uno de los milagros más extraordinarios que el mundo recuerde: DIOS HECHO HOMBRE

Ese bebé indefenso el creador del universo??

Esa guagua que moja sus pañales, es el autor de la vida??

Pos, sí.

Apuesto mi fe y mi vida eterna que es verdad!!

Les invito a que hagan lo mismo.


Paz a todos

Gonzalo.